Formación sobre la AI Act, artículo 4: la importancia de la alfabetización en IA, más allá de cualquier curso

Stella Fumagalli

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Cuatro personas siguen en una sala de reuniones la diapositiva inicial del curso de Axura «Fundamentos de IA y AI Act», presentada por la mascota de Axura.
Cuatro personas siguen en una sala de reuniones la diapositiva inicial del curso de Axura «Fundamentos de IA y AI Act», presentada por la mascota de Axura.

En Axura empezamos a usar las herramientas de inteligencia artificial generativa prácticamente en cuanto estuvieron disponibles.

Lo hicimos experimentando, pero sobre todo hablando entre nosotros: con muchos (¡muchísimos!) momentos de formación estructurada en los que nos paramos a compartir ideas y novedades, a mirar qué funcionaba y qué no, y a reflexionar sobre oportunidades y riesgos.

Pusimos en común buenas prácticas, dudas e ideas para usar la inteligencia artificial de la mejor manera posible, en beneficio nuestro y de los clientes con los que trabajamos.

Ahora que la IA forma parte del día a día de tantísimas personas, tanto en el ámbito personal como en el profesional, nos damos cuenta de una cosa: nuestra experiencia en Axura es probablemente más la excepción que la regla.

¿En cuántas empresas se usa la inteligencia artificial todos los días sin conocerla de verdad? Se abre ChatGPT (o Claude, o Gemini, o Copilot), se le pide algo y ahí acaba todo, sin preguntarse qué hace bien y qué hace mal, dónde podemos fiarnos y dónde no, qué ocurre con los datos que le damos.

Luego está la reacción opuesta: la empresa decide que la IA es peligrosa y la prohíbe. El resultado, casi siempre, es que las personas siguen usándola igualmente, con sus cuentas personales, en sus propios dispositivos, fuera de cualquier regla.

Se llama shadow AI (inteligencia artificial «en la sombra»), es decir, la que se usa en la empresa sin que la empresa lo sepa, y hoy es uno de los riesgos más extendidos y menos vigilados en las pymes. La prohibición, por tanto, no elimina el uso de la inteligencia artificial: elimina la posibilidad de saber cómo se está usando.

Dos actitudes distintas con la misma causa: nadie en la empresa ha tenido nunca la ocasión de entender de verdad a qué se enfrenta cuando usa la IA. Es decir: nadie ha recibido nunca formación sobre inteligencia artificial.

Los números lo confirman: el último informe Imprese e ICT del Istat, el instituto nacional de estadística italiano, señala que en 2025 el 16,4 % de las empresas italianas con al menos 10 empleados utilizó al menos una tecnología de IA, frente al 8,2 % de 2024 y al 5,0 % de 2023 (en dos años la cifra se ha más que triplicado).

Tableta que muestra el informe del Istat, el instituto nacional de estadística italiano, «Imprese e ICT, anno 2025»: el uso de la IA se duplica en un año y alcanza a más de la mitad de las grandes empresas.
Tableta que muestra el informe del Istat, el instituto nacional de estadística italiano, «Imprese e ICT, anno 2025»: el uso de la IA se duplica en un año y alcanza a más de la mitad de las grandes empresas.

Las grandes empresas han pasado del 32,5 % al 53,1 %; las pymes, aunque han duplicado su cifra, se quedan en el 15,7 %. Entre las empresas que no usan IA, un 11,5 % sí se planteó adoptarla y finalmente no lo hizo. Cuando el Istat les pregunta qué las frenó, la respuesta más frecuente es la falta de competencias, indicada por el 58,6 %, seguida de la falta de claridad legislativa (47,3 %) y de la indisponibilidad o mala calidad de los datos necesarios (45,2 %).

Dicho de otro modo: el primer obstáculo para la inteligencia artificial en las pymes italianas es que no se sabe bien cómo usarla, y el segundo es que no se sabe bien qué ocurre si se usa como no se debería.

De esto habla exactamente el artículo 4 de la AI Act, la norma europea sobre alfabetización en materia de inteligencia artificial, que desde el 27 de julio de 2026 tiene una nueva redacción.

Qué dice hoy el artículo 4 de la AI Act

La AI Act (el Reglamento (UE) 2024/1689) dedica un artículo entero a algo que afecta prácticamente a cualquier empresa: las competencias de quienes trabajan con inteligencia artificial.

Es el artículo 4, y se ha reescrito hace poco: el 24 de julio de 2026 se publicó en el Diario Oficial de la Unión Europea el Reglamento (UE) 2026/1744, el llamado Digital Omnibus sobre IA, en vigor desde el 27 de julio.

Hoy la norma dice lo siguiente: quienes desarrollan sistemas de IA y quienes los usan en su empresa deben adoptar medidas para apoyar el desarrollo de la alfabetización en materia de IA de sus personas. Pero no de todas por igual: hay que tener en cuenta los conocimientos previos de cada una, el contexto en el que se usan esos sistemas y las personas sobre las que se utilizan (la obligación no exige demostrar que se ha alcanzado un determinado nivel, ni la empresa debe garantizarlo para cada individuo).

De «garantizar» a «apoyar»: qué ha cambiado realmente

La redacción anterior exigía a quienes desarrollan sistemas de IA (los proveedores) y a quienes los utilizan en su actividad (los responsables del despliegue, o usuarios profesionales) «adoptar medidas para garantizar, en la medida de lo posible, un nivel suficiente de alfabetización».

La actual exige «adoptar medidas para apoyar el desarrollo de la alfabetización».

La diferencia parece sutil y en realidad es sustancial. «Garantizar, en la medida de lo posible» podía leerse como una promesa sobre el resultado: la empresa tenía que asegurarse de que las personas hubieran llegado a un cierto nivel. Pero ¿qué nivel? ¿Y medido cómo? Era una exigencia difícil de traducir a la práctica.

Comparación gráfica: antes, «garantizar», ilustrado con una línea de meta; después, «apoyar», ilustrado con una escalera ascendente.
Comparación gráfica: antes, «garantizar», ilustrado con una línea de meta; después, «apoyar», ilustrado con una escalera ascendente.

«Apoyar el desarrollo» desplaza el peso a otro sitio: cuenta lo que la organización pone en marcha, no el punto de llegada de cada persona.

En la práctica, la empresa debe poder demostrar que ha ofrecido formación a su plantilla.

Por qué no es un «todo vale»

La obligación de formar sigue existiendo, y desde el 2 de agosto la AI Act ha entrado en su fase de plena aplicación, con las autoridades nacionales de vigilancia ya operativas.

Esto quiere decir que, si alguien pide cuentas a una empresa sobre la formación que ha ofrecido a su plantilla, esta debe poder documentarla.

Pero ¿es obligatorio un curso sobre la AI Act? No, y conviene dejarlo claro, porque en estas semanas circulan bastantes ofertas de «cursos obligatorios AI Act» que prometen un cumplimiento que ningún curso puede dar. La norma no prescribe cursos, no prescribe certificados ni certificaciones, no fija un número mínimo de horas. Lo que hace falta es poder reconstruir el recorrido: qué se hizo, con qué programa, qué contenidos, dirigidos a quién y cuándo.

Hay además una segunda cuestión muy importante: la formación debe calibrarse según los conocimientos previos de las personas, el modo en que la empresa usa la IA y quiénes sufren sus efectos. Un curso idéntico para todos e impartido sin mirar lo que ocurre realmente en esa empresa difícilmente responde a esta exigencia.

Para ver cómo se están moviendo otras organizaciones, la Comisión Europea pone a disposición un archivo público y gratuito dedicado a las prácticas de alfabetización en IA: recoge más de cuarenta experiencias concretas de empresas y administraciones públicas, desde cursos presenciales hasta plataformas de e-learning.

Portátil abierto en la página de la Comisión Europea «Archivo de prácticas de alfabetización en materia de IA».
Portátil abierto en la página de la Comisión Europea «Archivo de prácticas de alfabetización en materia de IA».

El archivo puede ser una excelente fuente de ideas, pero hay un aspecto importante que tener presente: adoptar una de las prácticas descritas no significa cumplir automáticamente con el artículo 4 (lo precisa la propia Comisión). No se trata, por tanto, de copiar lo que ha hecho otra organización, sino de construir una formación adecuada a la propia realidad, a las personas implicadas y al modo en que la IA se utiliza efectivamente en la empresa.

El resto del calendario: qué está ya en vigor y qué llegará

Cronología de los plazos de la AI Act de 2025 a 2028, enumerados en el texto que aparece a continuación.
Cronología de los plazos de la AI Act de 2025 a 2028, enumerados en el texto que aparece a continuación.

El Digital Omnibus ha aplazado algunas secciones concretas de la AI Act, dejando el resto en su sitio.

Intentemos aclararlo un poco.

Ya aplicable hoy:

  • la obligación de alfabetización (art. 4) y las prohibiciones originarias del art. 5, desde el 2 de febrero de 2025;
  • la aplicación general del Reglamento y las obligaciones de transparencia del art. 50, desde el 2 de agosto de 2026, con las autoridades nacionales de vigilancia operativas.

Por llegar:

  • desde el 2 de diciembre de 2026 la AI Act añade dos prohibiciones expresas, relativas a los sistemas de IA usados para generar material íntimo realista no consentido y material de abuso sexual infantil. Son conductas ya ilícitas por otras vías; la novedad es que pasan a ser también una infracción directa del Reglamento. Antes del 2 de diciembre de 2026 los sistemas de IA generativa deben marcar los contenidos que producen, de modo que una máquina pueda reconocer que han sido generados artificialmente (es el art. 50, apartado 2). Es una obligación de quien construye y vende esos sistemas, no de quien los usa en su empresa. Quienes los pusieron en el mercado antes del 2 de agosto de 2026 tienen hasta diciembre para adaptarse; para los introducidos en el mercado a partir del 2 de agosto de 2026, la obligación ya está plenamente en vigor.Cuidado con no confundirse: esta prórroga vale solo para el marcado técnico. Todas las demás obligaciones de transparencia están en vigor desde el 2 de agosto de 2026, sin excepciones, incluidas las que afectan a las empresas que simplemente usan la IA: declarar los deepfakes, declarar los textos generados con IA cuando informan al público sobre cuestiones de interés público, y avisar a las personas expuestas a sistemas de reconocimiento de emociones.

  • desde el 2 de diciembre de 2027, las obligaciones para los sistemas de alto riesgo del anexo III (entre ellos, selección y evaluación de personal, crédito, salud);
  • desde el 2 de agosto de 2028, las mismas obligaciones para los sistemas de alto riesgo integrados en productos (anexo I).

Los plazos de aplicación están fijados en el artículo 113 de la AI Act, en su versión modificada por el Digital Omnibus.

Más allá de la norma: la formación en IA es una cuestión de negocios

El motivo por el que merece la pena invertir en formación sobre IA no es el artículo 4: conocer de verdad la inteligencia artificial es lo que marca la diferencia entre quien simplemente «la usa» y quien consigue convertirla en una ventaja concreta.

Quien conoce bien estas herramientas sabe identificar las tareas en las que resultan realmente útiles, sabe distinguir un resultado de calidad de uno mediocre y, sobre todo, entiende cuándo es mejor no utilizarlas. Quien las conoce solo superficialmente tiende a conformarse con el primer resultado que obtiene, a menudo sin darse cuenta de cuánto más podría conseguir.

Es la misma diferencia que hay entre una empresa que usa la IA para mejorar alguna tarea y otra que, gracias a la IA, repiensa su forma de trabajar.

No es casualidad que, en el informe del Istat, la falta de competencias sea la primera barrera declarada: las pymes no renuncian a la IA porque no vean su valor, sino porque no se sienten preparadas para gobernarla.

Y ojo: la IA generativa ha entrado en todas partes; marketing y comercial, por supuesto, pero también administración, producción, compras, atención al cliente, recursos humanos. Basta un correo que escribir, un presupuesto que preparar, una descripción de producto que traducir, una pila de currículums que cribar para que alguien eche mano de una herramienta de IA generativa.

Antes de la formación: entender cómo se usa ya la IA en la empresa

A partir de todo esto (de la norma, de nuestra experiencia y sobre todo de lo que vemos en las empresas) en Axura hemos diseñado un itinerario de formación pensado para las pymes.

Se parte de una pregunta: ¿cómo usa hoy esta empresa la inteligencia artificial?

Es la fase de evaluación inicial, y sirve para poner en orden qué herramientas se están usando realmente, en qué procesos, sobre qué datos, con qué efectos sobre las personas, con qué reglas ya existentes y con cuáles no.

Según nuestra experiencia, es también el momento en que suelen aflorar algunas «sorpresas»: herramientas activadas por departamentos concretos, licencias personales usadas para trabajar, funciones de IA integradas en programas de la empresa de las que nadie se había dado cuenta.

De esa fotografía depende después la formación propiamente dicha: nuestro itinerario empieza con un primer módulo que hemos llamado «El Decálogo de la IA». Dura una hora y media, es e-learning asíncrono y está dirigido a toda la plantilla (porque es la base que necesita cualquiera que en la empresa abra una herramienta de IA).

Al terminar el módulo, quien lo ha seguido sabe reconocer un sistema de IA y su categoría de riesgo, sabe qué puede y qué no puede introducir en las herramientas generativas, sabe reconocer un resultado poco fiable y sabe a quién dirigirse.

Monitor con la diapositiva del curso de Axura «Fundamentos de IA y AI Act», módulo C0: 1,5 horas, e-learning asíncrono, dirigido a toda la plantilla.
Monitor con la diapositiva del curso de Axura «Fundamentos de IA y AI Act», módulo C0: 1,5 horas, e-learning asíncrono, dirigido a toda la plantilla.

Quien supera la prueba final recibe el certificado de aprovechamiento y la ficha con el decálogo para tener a mano; a partir de ahí, según los perfiles y según cómo use la IA la empresa, el itinerario puede continuar con módulos específicos.

(Conviene ser precisos sobre el certificado: documenta que la persona ha completado el itinerario y, para la empresa, sirve como evidencia documental de las medidas formativas adoptadas. No es, ni puede ser, una certificación de conformidad con la AI Act: ningún curso lo es).

Por dónde empezar: el itinerario de formación en IA de Axura

Cuidado con tratar la formación como un mero trámite: si las personas perciben que la empresa solo está marcando una casilla, se comportarán en consecuencia.

Una empresa que forma a sus personas en inteligencia artificial no puede hacerlo solo para estar en regla: debe hacerlo porque las personas formadas obtienen mejores resultados, cometen menos errores y saben cuándo parar.

Que además esto genere la evidencia documental que exige el artículo 4 es – ¿cómo decirlo? – una «consecuencia bienvenida».

En Axura ayudamos a las empresas a contarse y a usar bien la tecnología: hemos construido un itinerario de formación en materia de IA pensado para las pymes, que parte de una evaluación de cómo la empresa usa ya la inteligencia artificial para llegar a una formación calibrada según los perfiles y los riesgos reales.

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